Los inicios: una creadora de empresas en momentos de transformación

Sarah Harmon se presenta sin rodeos: operadora en serie de startups y scale-ups, más de treinta años en tecnología y una pasión clara por aplicar innovación a problemas reales. A lo largo de su carrera ha combinado liderazgo ejecutivo, inversión y creación de negocio, siempre con una mirada muy práctica sobre cómo convertir ideas en compañías que funcionan.

Cuando habla de emprendimiento, Sarah no se identifica con el fundador clásico que empieza desde cero en solitario. “Siempre he sido más intrapreneur que emprendedora pura”, explica. Su motivación no está tanto en el momento inicial como en una fase muy concreta del crecimiento de las empresas: cuando la propuesta de valor ya existe, el equipo ha crecido y hace falta otro tipo de liderazgo para escalar.

Ese enfoque se forja en gran parte durante su etapa en Microsoft, donde pasó casi diez años ocupando distintos roles vinculados a la incubación de nuevos productos, mercados y modelos de negocio. “Me di cuenta de que lo que realmente me gustaba era lanzar algo nuevo: idear, hacer brainstorming con equipos diversos, trabajar la creación”. Ese descubrimiento marcó el rumbo de su carrera.

Si le preguntas si recuerda cómo fue el primer día en Odilo, Sarah no duda en reconocer que sabía que no iba a ser sencillo. La compañía tiene 14 años de trayectoria y ha tenido éxito, pero opera en un sector, el de EdTech, que está profundamente impactado por la irrupción de la IA generativa. “Todas las empresas están reevaluando ahora su propuesta de valor y su posición competitiva”.

Ese primer día estuvo marcado por una sensación clara de urgencia, pero también por mucha escucha. “Hablar, hablar y hablar con mucha gente”. Escuchar a personas que llevaban mucho tiempo en la compañía y a otras que acababan de llegar, observar la cultura, identificar qué aportaba valor y qué no, y empezar a priorizar. Para Sarah, ese momento inicial es clave: dejar de hacer lo que no suma y concentrarse en el core del negocio. Es ahí donde empieza de verdad la transformación.

La empresa hoy: foco, aprendizaje y usuario final

Hoy, Odilo es una plataforma de tecnología educativa que da servicio a públicos muy diversos, desde niños hasta adultos. Históricamente ha trabajado sobre todo con administraciones públicas, pero está ampliando su foco hacia el entorno corporativo. Sarah la define como un marketplace de contenidos educativos de alto valor y multiformato.

Sin embargo, el verdadero reto no está en el contenido, sino en el comportamiento del usuario. “Hay muchísimas plataformas EdTech, pero ninguna ha sabido resolver bien cómo enganchar a los learners y crear hábitos de aprendizaje”. Cuando se pregunta a una persona qué utiliza realmente para aprender, la respuesta es clara: YouTube y, cada vez más, ChatGPT.

Ese cambio obliga a Odilo a replantear su propuesta desde el usuario final, no solo desde el comprador institucional. La diferenciación pasa por tres elementos clave: personalización, amplitud de catálogo y fiabilidad del contenido. Odilo cuenta con millones de recursos en distintos formatos (libros, audiolibros, podcasts, cursos) que permiten adaptarse a cómo aprende cada persona, siempre con contenidos validados por editoriales, universidades y un equipo interno especializado.

El siguiente paso estratégico va en esa dirección: ofrecer experiencias de aprendizaje más dosificadas y adaptadas al tiempo real del usuario, inspiradas en modelos como Duolingo. Contenido relevante, en el formato adecuado y en el momento justo, con la certeza de que la información es fiable.

El camino con Swanlaab: colaboración y foco en la operativa

Sarah ya conocía a Swanlaab antes de incorporarse a Odilo por su trayectoria en el ecosistema inversor. Sin embargo, su relación real con el equipo comienza durante el proceso de entrevistas y aterrizaje en la compañía. Lo que más le impresionó fue su conocimiento del mercado y de la propia empresa.

En un contexto de cambios profundos y de renovación del equipo directivo, Swanlaab ha aportado algo especialmente valioso: conocimiento institucional del pasado para ayudar a construir el futuro. Sarah destaca una relación basada en comunicación transparente, colaboración y apoyo en decisiones complejas, desde segmentación y pricing hasta marketing y crecimiento.

Más allá del capital, subraya un valor muy concreto: ayudar a reducir el ruido externo. Poder centrarse en la operativa y en hacer funcionar la empresa, sin distracciones, ha sido clave en esta etapa.

A cualquier founder que esté valorando trabajar con Swanlaab, Sarah lo tiene claro: lo recomendaría sin duda. Para ella, la clave está en la química, la transparencia y una visión compartida de largo plazo. “No buscas solo un socio, buscas una alianza”.

Detrás del founder: creatividad, personas y energía

Cuando habla de lo que más disfruta de su rol, Sarah no duda: la parte creativa. Soñar, reimaginar productos, resolver problemas difíciles en equipo. “Esos momentos de estar en una sala con post-its son los que me alimentan el alma”.

Lo más difícil, en cambio, es la gestión de personas. El hiring y el firing, aprender a reconocer errores pronto y tener conversaciones honestas sobre rendimiento. Es duro, reconoce, pero también una de las herramientas más potentes de liderazgo cuando se hace bien.

Para gestionar la presión, Sarah tiene una visión muy clara: los founders son como atletas de élite. Hay que entrenar para el estrés. Dormir bien, comer bien, hacer ejercicio y cuidar la energía no es un lujo, es una inversión directa en la empresa y en el equipo.

Su rutina de mañana es fundamental. “Cómo te despiertas y cómo te posicionas para el día marca si ese día es un éxito o no”. Entre sus referentes menciona a Margaret Heffernan, su executive coach, y a Satya Nadella, a quien admira por haber transformado la cultura de Microsoft desde el liderazgo.

Propósito y Futuro: aprender mejor para vivir mejor

El impacto que Sarah quiere generar con Odilo es claro: convertirse en una referencia en cómo motivar y crear hábitos de aprendizaje. No se trata de ser “el Netflix de la educación”, sino de ofrecer una experiencia de aprendizaje útil, fiable y relevante para el mundo profesional.

Lejos de una visión catastrofista de la IA generativa, adopta una postura pragmática y optimista. Ve en ella una herramienta para acortar diagnósticos médicos, eliminar tareas administrativas de bajo valor y liberar tiempo para lo que realmente importa: crear, pensar y conectar con personas.

Su consejo para quien quiera emprender es contundente: “No lo puedes hacer solo”. Rodearse bien, crear un entorno de apoyo y cuidar tanto la parte profesional como la personal es, para ella, una condición imprescindible.

Si tuviera que resumir su trayectoria, la define como una montaña rusa. Intensa, exigente y profundamente enriquecedora. Y si hay una palabra que define hoy la historia de Odilo, esa es transformación.