Los inicios: de la robótica móvil a una idea con recorrido real
Víctor Álvarez y Adrián Canedo no llegaron al emprendimiento desde una idea abstracta de negocio, sino desde un problema técnico muy concreto. Junto con Cristina Gamallo, formaron parte del equipo fundador de Situm mientras realizaban sus doctorados en robótica e inteligencia artificial en la Universidad de Santiago de Compostela. Su especialización era la robótica móvil, un campo en el que existe un reto clave: la localización en interiores.
Hace once años, cuando los smartphones empezaban a consolidarse como una tecnología omnipresente, identificaron un paralelismo claro. Aquellos dispositivos eran, en cierto modo, pequeños robots que todos llevaban en el bolsillo. A partir de esa observación nació la idea de crear una empresa capaz de localizar smartphones dentro de edificios, trasladando conocimientos académicos a un problema real del día a día.
La decisión de constituir la empresa no llegó tras una conversación concreta, sino como una evolución natural. Los tres tenían claro que querían construir algo propio al terminar la tesis, y su director académico reforzó esa posibilidad al plantearles explícitamente la opción de crear una empresa que pusiese en valor el conocimiento adquirido durante las tesis doctorales. El detonante definitivo llegó cuando hablaron con un primer cliente potencial que quería empezar a trabajar de inmediato y solicitaba un presupuesto formal. Sin una sociedad constituida no podían avanzar, lo que les llevó directamente al notario y al nacimiento oficial de Situm.
La empresa hoy: guiar a las personas donde Google Maps no funciona

Situm desarrolla soluciones de guiado para espacios complejos en los que las personas suelen perderse: hospitales, aeropuertos, centros comerciales, parques de atracciones, grandes recintos o circuitos deportivos. En estos entornos, las soluciones tradicionales de navegación no funcionan por falta de planos y de posicionamiento fiable.
La propuesta de Situm permite a los usuarios entender dónde están y cómo llegar a su destino, ya sea a través de la web del recinto, una aplicación móvil, una pantalla táctil o cualquier dispositivo digital. Su diferencial está en la combinación de dos capas tecnológicas que pocas compañías dominan a la vez: mapas 3D muy visuales, con cartografía completa y fácil de configurar, y una geolocalización en interiores extremadamente precisa y robusta.
Uno de los grandes puntos de inflexión de la compañía fue darse cuenta de que no bastaba con ofrecer la posición. En una primera etapa, Situm nació muy enfocada en la geolocalización, pero con el tiempo el equipo entendió que debía ofrecer la solución de guiado completa: mapas, rutas y experiencia de usuario. Ese cambio permitió construir un producto mucho más sólido, abrir la puerta a clientes más grandes y globales y entender mejor cómo los usuarios finales interactúan con la tecnología.
En los últimos años, la compañía ha alcanzado la rentabilidad mientras continúa con un crecimiento sostenido año a año, un hito especialmente relevante para el equipo fundador. Además, ha incorporado varios clientes muy importantes, sobre todo en la región de Middle East, que están funcionando como referencias y generando nuevas oportunidades de crecimiento.
El reto actual pasa por escalar con equilibrio. Por un lado, profesionalizar la organización para dar salida a proyectos cada vez más grandes sin depender de perfiles clave. Por otro, gestionar una internacionalización progresiva, en un punto intermedio en el que empieza a ser necesaria la presencia local, aunque abrir oficinas fuera de España sigue siendo costoso. A nivel de producto, el objetivo es claro: Situm ya es referente en geolocalización en interiores y trabaja activamente para serlo también en mapas y guiado.
El camino con Swanlaab: acompañamiento para profesionalizar el crecimiento
El encuentro con Swanlaab se produjo en un evento del ecosistema, aunque los propios founders reconocen que no recuerdan exactamente cuál. Probablemente fue en un encuentro de referencia del sector tecnológico, como South Summit o Mobile World Congress, en torno a 2018.
Desde entonces, la relación ha evolucionado en paralelo a las necesidades de la empresa. Los founders destacan que Swanlaab se encontró una compañía con un alto potencial, que ya había superado la difícil etapa inicial de captación de los primeros clientes y que se encontraba en el momento adecuado para dar un fuerte impulso a su desarrollo comercial. Más allá del capital, el valor aportado ha estado en la profesionalización de esa área, desde una implicación directa (casi como un rol de consultoría) hasta la recomendación de personas y perfiles que podían ayudar en ese ámbito concreto.
Para un equipo con origen académico, este acompañamiento fue especialmente relevante. Mientras el producto estaba muy controlado desde el inicio, el área comercial carecía de estructuras básicas que sí existían en la parte técnica. La mentoría de Swanlaab ayudó a trabajar esa dimensión con el mismo rigor.
Si tuvieran que definir a Swanlaab en una frase, hablarían de ambición y pragmatismo: un socio que ayuda a pensar más alto, pero que también baja al detalle y a los problemas concretos cuando hace falta. A otros founders les recomendarían no tener miedo, destacando la razonabilidad en la negociación y el respeto al criterio del propio equipo fundador en el día a día.
Detrás del founder: construir estructura mientras el día a día no da tregua
En su rol como founders, Víctor y Adrián coinciden en que lo que más disfrutan es cuando consiguen impulsar cambios que tienen un impacto real en la empresa y en el trabajo de muchas personas. Ver cómo una mejora organizativa, de producto o de procesos hace que algo que antes no funcionaba empiece a hacerlo es una de las mayores satisfacciones del camino emprendedor.
Sin embargo, reconocen que, a medida que el equipo crece, introducir esos cambios se vuelve más complejo. Cuando la empresa era pequeña, todo era más directo y rápido; hoy, con un equipo mucho mayor, cualquier modificación requiere más coordinación y más recorrido interno. A eso se suma la dificultad de encontrar tiempo para pensar en cambios estructurales cuando el día a día está lleno de problemas inmediatos que requieren atención constante. Resolver lo urgente muchas veces deja poco margen para trabajar en lo importante a medio y largo plazo.
La gestión de la presión y la incertidumbre pasa, para ambos, por crear espacios de desconexión. El ejercicio físico cumple un papel clave como contrapeso a un trabajo que implica pasar muchas horas sentados delante del ordenador. También subrayan la importancia de reservar espacios personales y familiares en los que la empresa no esté presente, algo fundamental tras once años de proyecto continuo.
En cuanto al liderazgo, ninguno de los dos se siente identificado con el perfil clásico de CEO muy expuesto mediáticamente. Entienden que puede tener beneficios para algunas empresas, pero no encaja con su personalidad ni con la filosofía de Situm. Sus referencias no son figuras concretas, sino un aprendizaje acumulado a lo largo del tiempo: formarse, leer, hacer cursos de emprendimiento, aprender de los inversores, de los clientes y de la experiencia diaria.
Propósito y Futuro: normalizar el guiado en interiores

El impacto que persiguen es claro: que nadie se sorprenda al entrar en un gran recinto y contar con una solución de guiado que le indique por dónde ir. Especialmente relevante es el impacto en personas con discapacidad, para quienes esta tecnología puede marcar una diferencia real en autonomía y tranquilidad en entornos complejos.
De cara al futuro, les ilusiona ver cómo la empresa, ya rentable, sigue creciendo e internacionalizándose, y cómo cada vez más clientes adoptan la solución completa de mapas y guiado. El objetivo es que el guiado en interiores deje de ser una novedad y se convierta en algo natural y esperado.
Reflexiones finales: once años de aprendizaje y trabajo
Si tuvieran que resumir su camino emprendedor, hablarían de aprendizaje continuo. Para ellos, no existe un MBA más completo que la experiencia acumulada durante estos once años. Una palabra define su historia: trabajo. Muchas horas dedicadas durante mucho tiempo para construir una empresa sólida, en una etapa en la que trabajar de lunes a domingo era habitual, aunque no sea algo que recomienden a nadie.