Los inicios: tecnología al servicio del relevo generacional

Ana Molina es CEO y cofundadora de Grodi, una startup agro-tecnológica nacida de la convergencia entre una sólida trayectoria en robótica y visión artificial y una conexión muy directa con el campo. Piloto profesional de drones, con formación en finanzas y tecnología, Ana detectó entre 2020 y 2021 una oportunidad clara: aplicar tecnología avanzada para facilitar el relevo generacional en la agricultura y mejorar la rentabilidad de un sector clave para la economía y la seguridad alimentaria.

La idea surge al observar de cerca la realidad familiar. Aunque ni ella ni su hermano trabajaban en el campo, su padre necesitaba apoyo para entender una agricultura cada vez más compleja. La tecnología aparecía como el puente natural entre generaciones, capaz de reducir incertidumbre y profesionalizar la toma de decisiones.

La empresa hoy: robótica y visión artificial dentro del invernadero

Grodi desarrolla VEGA 11, un robot autónomo diseñado para operar dentro de invernaderos, simulando el vuelo de un dron mediante guías instaladas bajo el techo. Equipado con cámaras y sensores, el sistema recopila información sobre plagas, enfermedades, temperatura, humedad, CO₂ y producción.

Toda esa información se procesa mediante algoritmos propios y redes neuronales, generando mapas visuales y geolocalizados que permiten al agricultor actuar de forma temprana y precisa. El objetivo es claro: reducir pérdidas, optimizar recursos y mejorar la eficiencia operativa.

Uno de los grandes hitos recientes es VEGA Atomizador, la evolución natural del sistema. Tras detectar el problema, la tecnología permite tratar únicamente los focos afectados, reduciendo el uso de fitosanitarios, el contacto humano con productos químicos y los costes asociados.

 

El camino con Swanlaab: especialización y acompañamiento

El encuentro con Swanlaab en 2023 marca un punto de inflexión. Más allá del capital, Ana destaca la cercanía y el conocimiento profundo del sector agrícola. “Trabajar con un fondo que entiende la agricultura ahorra tiempo y permite pensar de verdad en cómo escalar”, explica.

Para Grodi, contar con un socio especializado ha sido clave para visualizar nuevos mercados y acelerar el crecimiento de manera estructurada.

Detrás del founder: equipo, propósito y resiliencia

Para Ana Molina, emprender no es solo una cuestión de tecnología o negocio, sino de personas. Lo que más disfruta de su rol como founder es el contacto directo con el cliente y ver, de primera mano, cómo la tecnología genera resultados reales en el campo.

El trabajo en equipo es una constante, tanto para afrontar retos técnicos como para gestionar la incertidumbre inherente al emprendimiento. Ana destaca con orgullo la energía compartida del equipo y el aprendizaje continuo que surge al trabajar rodeada de perfiles con el mismo foco y objetivo.

No todo es inspiración. Como a muchos emprendedores, la burocracia es uno de los aspectos que más le cuesta, pero reconoce que, la clave está en rodearse de personas que complementen esa parte y hagan el camino más llevadero.

La gestión de la presión y la incertidumbre forma parte de su carácter. Logra desconectar a través del deporte y pasando tiempo al aire libre; eso junto con el apoyo del equipo y de los socios inversores es lo que le permite mantener los pies en la tierra y poner en perspectiva todo lo ya conseguido.

Propósito y Futuro: impacto global desde España

El propósito que Ana persigue con Grodi es claro y ambicioso. Aspira a generar un impacto global desde la agricultura, partiendo de la convicción de que la agricultura es un pilar esencial para el futuro y España, como país líder en el sector, tiene la oportunidad de convertirse también en referente en el desarrollo de nuevas tecnologías agrícolas.

Ana imagina un futuro de la agricultura más profesionalizado, donde convivan perfiles diversos y especializados gracias a la tecnología. Ingenieros, agrónomos y gestores trabajando de forma coordinada, apoyados por herramientas que faciliten la toma de decisiones y mejoren la rentabilidad sin perder de vista a las personas.

A quienes están empezando a emprender, Ana les lanza un consejo sencillo y honesto: paciencia. Los grandes objetivos requieren tiempo y constancia. Confiar en la propia profesionalidad, trabajar con ambición y hacerlo acompañado marca la diferencia en un camino que rara vez es lineal.

Reflexiones finales: la ilusión como motor

La palabra que mejor define la historia de Grodi es, para ella, ilusión. Una ilusión comparable a la de la mañana de Reyes, con las expectativas compartidas que se construyen con esfuerzo durante todo el año. Para ellos, eso ocurre al ver cómo la tecnología se materializa en el campo, al compartir ese avance con agricultores y al comprobar que cada paso tiene un sentido real.

Hasta llegar aquí, nuestra founder ha tenido un recorrido exigente, marcado por retos continuos, pero alineado con un propósito claro. Y por eso mismo, si su camino emprendedor se pudiese resumir en una sola frase, para Ana sería: superación personal constante.