Los inicios: una hipótesis nacida en pandemia que se convirtió en proyecto industrial

Bosco Emparanza es bioquímico de formación y su trayectoria profesional ha combinado el trabajo técnico con una fuerte orientación a entender cómo llevar soluciones reales al mercado. Tras pasar por la biotecnología y posteriormente por la industria agroalimentaria, en 2020, en plena pandemia, comenzó a dar forma a una idea que acabaría convirtiéndose en MOA.

Trabajando de cerca con la industria, Bosco detectó dos realidades paralelas: por un lado, enormes volúmenes de subproductos infrautilizados; por otro, oportunidades claras ligadas a la fermentación, la biotecnología y la inteligencia artificial que podían transformar radicalmente la forma de producir alimentos. La combinación de ambas fue el punto de partida.

La idea creció rápidamente y dejó de ser una hipótesis individual. Bosco incorporó a Susana como directora científica y a José María como director financiero, y a finales de 2020 constituyeron la sociedad. El proyecto arrancó de forma progresiva en 2021, en un contexto de enorme incertidumbre, pero con una motivación clara: construir soluciones reales desde el primer día, de la mano de la industria.

La empresa hoy: transformar subproductos en ingredientes de alto valor

Hoy, MOA combina biotecnología e inteligencia artificial para transformar subproductos de la industria agroalimentaria en ingredientes funcionales, nutritivos y sostenibles mediante procesos de fermentación. Su propuesta responde a dos grandes necesidades del sector: revalorizar residuos que tradicionalmente se destinan a usos de bajo valor añadido y reformular alimentos para hacerlos más saludables y sostenibles.

Uno de los grandes diferenciales de MOA es su apuesta temprana por la inteligencia artificial. Desde 2021 han desarrollado una herramienta capaz de ejecutar cientos de bioprocesos por hora, acelerando un trabajo que en laboratorio llevaría años. Esta capacidad les ha permitido diseñar procesos productivos eficientes y escalables a nivel industrial.

Además, MOA ha construido relaciones sólidas con líderes de la industria como Barilla, Viscofan, Bühler o Novoenzymes. No se trata solo de desarrollar tecnología, sino de hacerlo en colaboración directa con quienes operan a escala global.

En los últimos meses, la compañía ha alcanzado hitos clave: el escalado de su tecnología a biorreactores de 120.000 litros y la presentación de un nuevo ingrediente capaz de reemplazar el huevo en determinadas aplicaciones. Un avance relevante en un contexto marcado por la volatilidad del precio del huevo y los problemas derivados de la gripe aviar.

El camino con Swanlaab: sumar equipo estratégico

La relación con Swanlaab se ha construido a lo largo del tiempo y, según Bosco, ha sido un proceso largo, con muchas conversaciones previas antes de la incorporación definitiva. Desde el primer momento, la sensación fue la de estar ampliando el propio equipo, más que la de sumar un inversor externo.

Bosco destaca especialmente la cercanía del equipo de Swanlaab y su capacidad para entender los retos reales de la compañía en cada momento. “Parece que estamos trabajando en el mismo equipo”, explica, subrayando la implicación y la voluntad constante de aportar y ayudar.

Más allá del capital, Swanlaab ha acompañado a MOA en una fase especialmente exigente: la del escalado. Su apoyo ha sido clave tanto en la parte productiva como en la comercial, así como en la profesionalización de la gobernanza. La experiencia del equipo en consejos de compañías que han pasado por etapas similares ha permitido a MOA tomar decisiones con mayor estructura y visión a largo plazo.

Para Bosco, Swanlaab ha supuesto sumar capacidad estratégica al proyecto. Cada interacción es una oportunidad de aprendizaje y crecimiento, tanto a nivel personal como empresarial, y una palanca para acelerar el desarrollo de la compañía.

Detrás del founder: ambición, presión y serenidad

Lo que más disfruta Bosco de su rol como founder es ver cómo la tecnología de MOA se convierte en una realidad industrial y cómo grandes actores del sector se suman para llevar esas soluciones al mercado de forma ambiciosa. No se trata solo de desarrollar innovación, sino de verla aplicada y escalada.

La parte más difícil, reconoce, es sentir que muchas decisiones y procesos siguen pasando por él. La compañía podría crecer muy rápido, pero en ese crecimiento aparece a veces un cuello de botella que es él mismo. En un sector tan competitivo, esa sensación de ir más despacio de lo que el mercado permitiría se convierte en una fuente constante de presión, que se suma a la que proviene de clientes, equipo, inversores y del propio contexto.

Con el tiempo, Bosco ha aprendido a gestionar mejor esa presión. Construir un equipo sólido ha sido clave, pero también adoptar una actitud de serenidad: parar, pensar y entender que los problemas, incluso los más complejos, se pueden resolver con el enfoque adecuado y las personas correctas.

En su forma de liderar han influido tanto su padre, también empresario, como otros founders y profesionales a los que admira. No duda en recurrir a ellos, pedir consejo o contrastar decisiones. Para Bosco, aprender de otros forma parte esencial del camino emprendedor.

Propósito y futuro: facilitar la transformación de la industria

Bosco ve cada vez más cerca un futuro en el que la fermentación se convierta en un pilar productivo de la industria agroalimentaria. Es una evolución que considera lógica y necesaria, tanto por eficiencia como por sostenibilidad y capacidad de respuesta ante los retos globales.

Cuando esa transformación se consolide, lo que le ilusiona es que sea la tecnología desarrollada en MOA la que permita a la industria dar ese salto. Ya sea MOA quien la lleve al mercado o sean otros actores los que utilicen esa tecnología, su foco está en que los subproductos se empleen de forma mucho más eficiente, que los procesos productivos sean más eficientes gracias a la inteligencia artificial y que se desarrollen ingredientes con mayor funcionalidad.

Desde esa perspectiva, Bosco entiende el impacto de MOA como algo que va más allá de la propia compañía. Si estas tecnologías se extienden y se integran en la industria, está convencido de que el sector agroalimentario puede transformarse de forma profunda y sostenible.

Reflexiones finales: hacerlo bien y aprovechar la oportunidad

Bosco resume su camino emprendedor, en una palabra: ambición. Ambición por crecer, por hacerlo bien y por hacerlo grande. Mirando a diez años vista, le gustaría que de MOA se recordara precisamente eso: que supieron aprovechar una gran oportunidad y hacerlo de la mejor manera posible.

El nombre de MOA, inspirado en un ave extinguida por el ser humano, refuerza ese mensaje. Producir alimentos de otra manera, más eficiente y sostenible, sin repetir errores del pasado, apoyándose en herramientas tan poderosas como la biotecnología y la inteligencia artificial.