Eres un SaaS y cobras mensualmente, muchas veces por tarjeta.
O vendes un software o una plataforma B2B que permite a tus clientes cobrar a terceros —al consumidor final o a otras empresas— de forma ágil y sin fricciones.
En ambos casos hay algo en común: los pagos y la transaccionalidad están en el centro del modelo, aunque rara vez se traten como una palanca estratégica. Comisiones que se acumulan, procesos que no escalan, fricciones que cuestan dinero tanto a la empresa como a sus clientes.
Pero ¿y si esa misma transaccionalidad pudiera convertirse en una oportunidad? No solo para cobrar mejor, sino para facilitar operaciones, mejorar la experiencia y acompañar el crecimiento del negocio del cliente. En determinados modelos de plataforma, esta capa puede incluso convertirse en una línea de ingresos material —en algunos casos en el rango del 15–20% del total, e incluso más—.
No será para todas las compañías, pero sí es, como mínimo, algo que merece la pena pensar desde el diseño del producto.
Es un hecho que las finanzas son el patito feo de cualquier industria. Parecen ser siempre portadores de malas noticias y se les hace caso escaso en los lanzamientos de nuevos productos al mercado.
Un mercado que sostiene todo lo demás
Un sector que nunca va a desaparecer, es el de los pagos. Cada día millones de transacciones se realizan a través de diferentes métodos de pago y, no nos engañemos, cualquier proyecto empresarial se basa en que exista una contraparte que quiera usarlo y, por ende, pagarlo. En los últimos años, este mercado ha crecido de forma notable: el valor global de las transacciones digitales pasó de unos 4 billones de dólares en 2015 a más de 20 billones en 2025.
Con el mundo digital, un gran mercado desconocido se abre de forma esperanzadora para todo nuevo proyecto emprendedor. En la lectura de los decks de inversión se hace un esfuerzo titánico en demostrar que: existe mercado para el producto, es un producto que resuelve un problema específico, se lidera en menor o mayor medida un sector, tiene una usabilidad que le permite ser trasladado a cualquier sector… pero ni una sola vez he visto que se explique que se cobra de forma fácil, rápida y, sobre todo, económica para la compañía.
Cuando cobrar bien deja de ser un detalle
Me voy a parar en este último adjetivo: económica. Porque este es un área en el que cualquier equipo financiero de un sistema B2B tiene la capacidad de lucirse. Hace unos años, los métodos de pago “a distancia”, como los denomina la ley, se reducían a dos categorías: la transferencia, que dejaba a merced del comprador el inicio del pago, y el adeudo, un método lento que permitía a los bancos financiarse durante unos días desde que cobraban hasta que anotaban en cuenta (por si había alguna devolución), obligando además a procesos largos de solicitud de información y a un seguimiento del pago siempre reactivo.
La irrupción de los métodos digitales de pago, y el uso global de las tarjetas de crédito han abierto un nuevo escenario donde el comercio puede optar por muy diversas soluciones a un precio cada vez más bajo. En este contexto, Visa procesó 1,7 billones de dólares en pagos comerciales en 2024, y el negocio B2B de Mastercard alcanza alrededor de 1,8 billones.
La Unión Europea, a través de las dos directivas de pago ya implementadas, y la tercera que está a punto de ver la luz ha democratizado una tecnología que hace solo 15 años estaba al alcance de unos pocos, grandes corporaciones que se podían permitir su coste. Esto se refleja en la estructura del sector: en 2025, el registro europeo EUCLID identifica 60 adquirentes en Francia, 33 en Alemania y 24 en España, y el volumen de operaciones adquiridas en la zona euro ha crecido un 80% en número y un 60% en valor entre 2014 y 2024.
La capa invisible que lo cambia todo
La irrupción de las FinTech, las nuevas licencias de entidades de pago y la creatividad del sector unido a unos procesos muy estrictos de estándares de seguridad y regulación permiten realizar automatizaciones a un escaso coste, que permiten a la compañía:
- conciliar automáticamente todas sus ventas
- controlar el proceso de pago end to end
- ofrecer diferentes alternativas al usuario, a fin de no abandonar el carrito en el último proceso de venta
- archivar los datos de tarjeta para reducir el tiempo de pago en compras sucesivas
- envío de enlaces seguros de pago a través de SMS o WhatsApp
- realizar depósitos de garantía
- finalizar una compra en un proceso telefónico
- permitir realizar el pago en la divisa que quieras
- generar pagos de suscripciones
- segregar la liquidación de un pago a diferentes beneficiarios (muy relevante en caso de franquicias)
Si tu negocio tiene un proceso de compra digital, y te garantizo que es indiferente que tu cliente sea persona física o una corporación, seguramente tienes en mente compañías tipo PayPal o Stripe como los abanderados de un proceso de pago eficiente y asequible, ¿y si te dijera que todos los proveedores de medios de pago registrados en las entidades reguladoras europeas te dan esa misma eficiencia y, en la mayoría de los casos, con precios que merece la pena considerar?
En el próximo post navegaremos por la seguridad que la norma europea obliga a los operadores de Europa, y que otros operadores internacionales están copiando antes de que la regulación en sus países se adapte a la nuestra.
